Una guarita en proceso de estonización

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Me almost at the finish line of that 21K moment...

Me almost at the finish line of that 21K moment…

I just read this article in The New Yorker: “What we think about when we run“, and I ended up mentally locked in the memory of the things I felt and thought that single time I’ve run a 21K. That is the biggest race I’ve run in my life, and is not the distance that makes it big, but all the things I felt and thought throughout the whole path. Thoughts I find myself in at times, involuntarily.

These feelings and thoughts are so intense, that I felt they were slowly taking over every inch of my body as I was reading the article, and they remain under control as I type this. I suspect this is how I felt back then, but how could I know? I cannot accurately account for the past based on my memories. I simply choose to trust those memories. I feel a bunch of I wishes. I wish I was in certain place… I wish it was certain season of the year… I wish… Because my idea of running has nothing to do with a night in November in a northern country. I don’t love running anytime, anywhere. I like running under very specific circumstances. I can do it in others, but I don’t enjoy it as much. I like running under the sunlight, with light clothes, on the pavement or the nature, on an easy day. Warmth is of high preference in my list of running requirements. So it’s not like my feet are itching for a run right now. No. It’s my heart itching for a moment.

That 21K is one of such moments. And so are all the smaller races I ran while preparing for it. In that 21K I started with a lot of inner motivation, smiling, spending the first 7K preparing to last the remaining 14K, reviewing all I had learn, techniques, breathing, relaxation, focus. This mental focus turned into struggle when my left leg started giving up on pain, but I decided I wasn’t going to stop. I had injured myself a few months back while preparing for the race, but I didn’t think it was serious so I just took some weeks of rest and went on. During the race, when the injury decided to inform me it was still around, I figured that begging the ice spray guy to spray more and more and more would help keep it quiet. And it did. But it was still pain what pushed me through that finish line. Not physical pain, but emotional pain. It was the pain of having lost my mom a few months back to that stubborn habit life has: ending. It was the pain, but it was also the anger of knowing I was never going to touch her or see her again that gave me the strength to feel that it was only then when I was alive that I could make the most of my body and push it through that finish line. It was my way of using life before life decided to leave me.

That’s what running is like to me: living on my own terms.

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Mis noches suelen estar cargadas de sueños, o pesadillas. De 7 noches a la semana, probablemente sueño 5 o 6. Duermo un promedio de 8 horas al día, pero mientras más sueños tenga, más cansada me despierto.

Hace poco menos de un mes llevo un reloj Pebble que tiene una aplicación para medir las horas de sueño. Se le puede poner un objetivo: el número de horas a las que apuntas dormir cada noche. El mío es 8. Hay un valor que muestra, además, las horas de sueño profundo. Del total de 8, suelo dormir 2 horas profundamente. Y en las mejores noches, 3. Y parece ser perfectamente normal (inglés).

Lo más interesante es la cantidaad de sueños que tengo y los detalles que recuerdo, por lo que, a recomendación de algunos, los voy compartir en este blog. He aquí los primeros:

Sueño #1:
Este sueño lo tuve hace unas cuantas semanas por lo que no recuerdo todos los detalles, pero me quedó esto en la memoria: estando en un bosque, veo un montón de abejas volando en dirección opuesta a su panal. De alguna manera logro ver muy muy de cerca a una de las abejas (como quien hace un zoom in con una cámara) y noto que la abeja es, en realidad, un elefante. El elefante tiene alas sobre su espalda y, justo en el centro, tiene unos labios. O sea, su espalda es una boca enorme. De pronto la boca se abre y de adentro salen muchas mariposas volando. Fin.

Sueño #2:
Este lo tuve anoche (20 de marzo de 2015), por lo que los detalles son muy frescos. Estuvo separado en 2 partes.

Parte 1: Estoy en casa de mi papá y mami dox, en la última que tuvieron en Venezuela. Allí están también mis tres hermanos paternos. Entre ellos y mi mami dox están riéndose y haciendo algo en la habitación principal. Cuando subo a ver qué pasa, encuentro que han puesto un montón de muebles de la sala y la cocina cerca del cuarto, organizados de forma tal que sigan la lógica de lo que papi hace todas las mañanas: se despierta, desayuna, etc. Lo que estaban intentando hacer era dejar todo lo más cómodo posible para que papi no se sintiera sólo en los dos próximos meses. Fin de la primera parte.

Parte 2: estoy en Caracas con todos mis hermanos, maternos y paternos (5 en total), y también con mi mami dox y mi papá. No todos estamos juntos en un inicio, sino que estamos esperando que llegue cada uno por partes. Como si hubiéramos organizado un viaje a Venezuela, pero llegamos todos a distintas horas. Parte de la espera se da en una casa en Caracas que no conecto con nada. En medio de la espera, salgo a hacer unas diligencias en un carro con mis dos hermanas. Al volante, mi hermana Ana. Al manejar, pasábamos por viaductos y luego por calles y avenidas más estrechas, entre edificios. En los viaductos yo entraba en pánico y apenas entrábamos a una calle rodeada de edificios me calmaba. Llegamos a la casa. Vuelvo a salir, esta vez con mi hermano Rolando al volante. En un semáforo hay un mini cooper que pertenece a un famoso conductor de Formula 1 francés. En la siguiente “escena” mi hermano Ricardo también va en el carro mientras Rolando le cuenta cómo ha estado manejando, pasando a la gente, pero controlando bien el volante, y sobre como manejó casi tan bien como el conductor francés. Llegamos a la casa. Fin.

Nota: mi mami dox pronto viajará por 2 meses a estar con mi hermana que dará a luz a su segundo bebé. Mi papá se queda. Eso explica los sentimientos de la primera parte del sueño.

Sueño #3:
Estoy yo sola caminando por unas habitaciones amplias, de techos altos, y de paredes, suelo y techo color caoba. Cada habitación es como un escenario que está descuidado o cerrado o inactivo, como el equipo de una obra, pero sin armar. Todo marrón. Las paredes y puertas son curvas, como una cueva. Y paso de una habitación a otra como explorando. Yo encuentro mi cuerpo muy firme y real como para estar en un sueño. Mientras recorro y observo las habitaciones, entiendo que las habitaciones son partes oscuras de mi cerebro donde construyo mis sueños, pero en ese momento no hay sueño, no hay obra. Me repito a mi misma que es un sueño, pero como no está corriendo ninguno en este momento, pronto voy a despertar. Fin.

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Alcachofas al horno

Desde que fui a Roma en octubre de 2013 se me metió la idea de preparar unas alcachofas como las que me comí en Antoni al Pantheon, que estaban suavecitas, claritas y jugositas. Parecía una receta simple. Suponía que eran horneadas. Y los únicos ingredientes que tenían eran perejil, limón, sal, aceite de oliva y pimienta.

Como no es fácil encontrar alcachofas por aquí, anoche de paso por el supermercado me encuentro con las susodichas. Asumo que tomará poco más de 30 minutos toda la tarea, y luego de un largo día de trabajo, ejercicio y demás, me dispongo a prepararlas casi a media noche. Mala decisión. No sabía que hacerlas al horno requeriría de 1,5 horas de cocción. Pero nada, ya me había comprometido conmigo misma y con las bellezas de vegetales estos, así que me atuve a lo que fue.

Me fui, literalmente, por la primera receta que encontré en Youtube, que fue esta:

Resultó muy sencillo el proceso, excepto por el sueño que tenía cuando era más de media noche y las alcachofitas seguían tostándose en el horno. El plato final no resultó tan bueno: el aluminio se quemó en la base de una de las alcachofas. Ellas me quedaron marroncitas y hubo que hacer malabares para comérselas al día siguiente porque tenían muchas hojas, además del centro peludo que no sabía que tenía que sacarle.

Definitivamente, para cocinar, hay que hacerlo con tiempo y amor. Así que la próxima vez lo haré un domingo por la tarde (día en el que prefiero experimentar en la cocina porque hay mucha calma) y seguiré esta otra receta.

Insomnio

Aqui estoy otra vez entre teclas haciendo que mis dedos hagan el trabajo que mi mente no está pudiendo llevar a cabo. Todos los días escribo: alguna actualización, algún correo, alguna idea, algún ítem en una lista de cosas por hacer. Pero hace mucho tiempo que no escribo para drenar mis preocupaciones y hoy, en una noche más de insomnio, he recordado lo mucho bien que me hacía antes cuando solía hacerlo con regularidad. Veamos si esta noche funciona.
Hace casi dos meses estoy sola, no como quien dice sin nadie en el mundo, sino solita en casa. No suena a mucho tiempo, pero es la costumbre la que indica si es o no es. En este tiempo he sido un subibaja de emociones, una montaña rusa de sentimientos. No sólo por la ausencia de la persona con quien comparto la mayor parte de mi tiempo desde hace casi siete años, sino porque hay mil cosas más que desde hace meses ocupan mi mente en búsqueda de una solución. Básicamente tengo miedos, tengo muchos miedos. Los miedos que cualquier persona de 26 años en una sociedad como en la que yo vivo puede tener. No, ni tener hijos ni casarme. Casada estoy. Hijos no quiero. Pero sí tengo preocupaciones bastante comunes: empiezo a hacerme mil preguntas sobre el trabajo, la familia, el objetivo de la vida. Me pongo existencialista. Como mujer, las hormonas no ayudan. Parecen estar en su pico. Te complican las cosas. Y como inmigrante la cosa se pone peor aún. La distancia y la soledad han sido mis fieles compañeras desde la infancia. No quiero que eso suene muy mal. He tenido una vida muy buena en promedio y ya sé que no debeŕía tener motivos para quejarme. Pero seamos honestos. La vida no se puede medir en promedios porque cada persona es diferente. Y a mí la distancia y la soledad empiezan a caerme mal, muy mal. Sí, que tengo comida, que tengo casa, que tengo amigos y familia que quiero y me quieren. Pero me parece a mí que no los disfruto como quisiera. Tengo la sensación de que en la vida voy en una carrera por… por… pues, ese es el problema. No sé de qué se trata la carrera. No sé a dónde me conduce el camino. No sé con quién estoy compitiendo. No sé cuál es la meta.
La confusión puede que se vea incrementada precisamente por el insomnio. Tiene sentido. La ciencia siempre respondiendo a todo con tanta claridad, ¿no? De todas maneras eso a mí no me da claridad para resolver lo que tengo por resolver en este preciso momento: cómo dormir para que mis problemas existenciales no se vean más complicados de lo que ya son (seguro que nada que son complicados, ¿no? Ya sabemos que hay cosas peores como el cambio climático, la corrupción, la pobreza y todo eso… A ver si acabo de entenderlo).
Y así, como por arte de magia, mientras escribo y releo me doy cuenta de que todo pasará. Mi cuerpo y mi mente están desajustados, desbalanceados. Sólo tengo que trabajar en ello… todo volverá a su cauce natural. Nada más tengo que intentar dormir, seguir cada día en la carrera mirando el paisaje alrededor a ver si descubro. Tal vez la meta no sea llegar al final. Tal vez decida hacer parada en uno de esos paisajitos y me instale allí hasta el fin.

Cuando yo muera quiero:

Que mis órganos sean donados,

que el resto de mi cuerpo sea cremado,

que las cenizas sean guardadas en un cofre de madera con un petroglifo que me regaló de Luis en el 2006

y que el cofre sea enterrado en El Cardenalito a la altura de Ficu.

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Estos somos Luis y yo comiendo en Aed, un restaurante más o menos nuevo de comida orgánica muy sabrosa. Hay comida para todos: vegetarianos y no vegetarianos. De los platos que he probado hasta ahora (3) mi favorito es el de pasta espelta con tofu. Tanto los sabores como los colores son geniales. La forma en como está servida da gusto: un platito blanco con un centro hondo y la pasta en el centro, de color verde, decorada con un poco alfalfa, una flor de color rosa y una ramita de albahaca. Es deliciosa. La atmósfera también es muy agradable. Ahora he probado solo las mesas de la entrada. Hay una que, en verano es la mejor, porque está junto a un ventanal, de manera que te pega el fresco pero no sufres con el sol (las mesas de afuera no tienen toldo). Fue buena idea ir allí ayer, especialmente después de sentir que había sido un día poco exitoso.

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Esta otra fue por la mañana de hoy en Reval. Siempre me cuesta un montón convencer a Luis de salir a desayunar. Por alguna razón, la comida del día que más disfruto en la calle es el desayuno. Me causa una sensación tan agradable sentir que lo primero que hago en el día es darme un gusto. Pagar y sentarme a esperar que me den un rico café y un “piruka” (estonio para pasteles). Es especialmente sabroso un domingo por la mañana o un día de semana en el que sabes que tienes mucho trabajo por delante. Y sólo de vez en cuando, para que sepa mejor 😉
Este café Reval, aunque no es el mejor, es bastante popular. Lo tenemos al lado de la casa, así que es otra razón para ir. En la foto tengo en la mano una postal de mi hermana que me envió mientras estuvo en Dubai. Eso y el día de hoy en general arreglaron muchísimo lo que fue el de ayer.
Ahora me voy a prepararme para el semestre de otoño que arranca mañana. Feliz otoño / eterno verano / primavera, según el hemisferio en que se encuentren 😉


Celebrado el 24 de junio, es un día de gran importancia para Estonia. Este año, por primera vez, Luis y yo lo vamos a celebrar en una isla al oeste del país, a unas cuatro horas de Tallin en autobús. Aunque no conocía exactamente el origen de la celebración, sabía que era muy importante. Me he dado a la tarea de traducir un texto que aparece en la página del Ministerio de Relaciones Exteriores, para que tengan una idea de lo que se hace en ese día (encender fogatas, cantar, beber y comer) y lo compartan si lo desean. La traducción es un borrador, lo hice con ayuda de Google Translate para ahorrar tiempo, así que me disculpo por los errores que pueda tener. Sólo espero que capten la idea general. Aquí les va:

Además de la Navidad, Jaaniõhtu (San Juan Eva) y Jaanipäev (Día de San Juan) son los días más importantes en el calendario de Estonia. Los veranos cortos y las breves noches tienen un significado especial para el pueblo de Estonia. Jaanipäev sigue el día más largo del año (21 de junio) , o lo que es lo mismo: equinoccio de verano, cuando la noche parece no existir.


Historia del Día de San Juan



Jaanipäev se celebraba ya antes de la llegada del cristianismo a Estonia, aunque fueron los cruzados quienes le dieron el nombre actual. La llegada del cristianismo, sin embargo, no puso fin a las creencias paganas y rituales de fertilidad en torno a este día de fiesta.
En 1578, con cierto disgusto, Baltasar Russow escribió en su Crónica de Livonia sobre los estonios que daban más importancia a la fiesta que a ir a la iglesia. Se quejaba de los que iban a la iglesia, pero no entraban, y en su lugar malgastaban el tiempo en hogueras , bebiendo, bailando, cantando y siguiendo los rituales paganos.

Para los estonios, las celebraciones de Jaanipäev se fusionaron con la celebración de Võidupüha (Día de la Victoria) durante la Guerra de la Independencia, cuando las fuerzas de Estonia derrotaron a las tropas alemanas el 23 de junio de 1919. Después de esta batalla contra los opresores tradicionales de Estonia, Jaaniõhtu y el encendido de las tradicionales hogueras se vinculó con los ideales de la independencia y la libertad.


Significado

Jaanipäev marca un cambio en el año agrícola, específicamente la ruptura entre la finalización de la siembra de primavera y el duro trabajo de la siega y recolección de heno.

Es comprensible que algunos de los rituales de Jaanipäev tengan tan fuertes raíces folclóricas. El más conocido ritual de Jaanik es el encendido de la hoguera y saltar sobre la misma. Esto es visto como una forma de garantizar la prosperidad y evitar la mala suerte. Asimismo, no encender la fogata es lo mismo que provocar que tu casa sea incendiada. El fuego también causa miedo a los espíritus maléficos que con ella se evitan a toda costa, lo que garantiza una buena cosecha. Por lo tanto, cuanto mayor sea el fuego, más se alejaban los espíritus malignos.

* * *

La víspera de verano es importante para los amantes. En los cuentos de hadas y la literatura estonia existe la historia de dos amantes, Koit (amanecer) y Hämarik (atardecer). Estos dos amantes se ven una vez al año e intercambian los más breves besos en la noche más corta del año. Los amantes de la Tierra van al bosque en busca de la flor del helecho que se dice que florece sólo en esa noche. También en esta noche, los solteros pueden seguir instrucciones detalladas para ver saber con quién van a casarse.

El ex presidente Lennart Meri, le ha dado otra perspectiva a Jaanipäev en su obra Hõbevalge (plateado 1976). Meri sugiere que las tradiciones de Jaanipäev recrean la caída del meteorito de Kaali en Saaremaa. También se dice que la caída del meteorito ha sido inspiración de historias mitológicas nórdicas y bálticas sobre el sol que cae sobre la tierra. Esta idea sugiere que las hogueras de nuestros días y las celebraciones en realidad simbolizan la conexión de Estonia con su pasado remoto.

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Durante la ocupación de Estonia, los soviéticos no hicieron ningún intento por detener las celebraciones de Jaanipäev. Para los estonios, sin embargo, Jaanipäev ha quedado ligada a la victoria de Estonia durante la Guerra de la Independencia y la obtención de un estado libre e independiente. Jaanipäev, por lo tanto, siempre le recordaba a los estonios de su independencia en el pasado, a pesar de los intentos soviéticos de eliminar esas ideas.

La tradición antes de la ocupación soviética, que ha sido restaurada, era que el Presidente de Estonia encendiera una fogata en la mañana del Võidupüha (23 de junio). De esta fogata, la llama de la independencia sería llevada por todo el país para encender las numerosas fogatas.

Durante la transición hacia el restablecimiento de la independencia de Estonia de facto, Jaanipäev se convirtió en una fiesta no oficial, en el que muchos trabajos se detenían. En 1992 se convirtió nuevamente en feriado nacional.

En Jaaniõhtu, los estonios en todo el país se reunen con sus familias, o en grandes eventos para celebrar este importante día con el canto y el baile, que los estonios han hecho durante siglos.


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