Una guarita en proceso de estonización

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Hace ya cuatro años parti de tierras caribeñas y me instalé aquí en el norte. Mi familia dice que vivo en el Polo Norte y a veces llego a creerlo, pero solo a veces.

Es la tercera navidad lejos de la familia, aunque en el camino he hecho un nuevo círculo de amistades que permite que en estas fechas, esa lejanía no se sienta tan dura y triste como puede ser. Además, en estos casos, el “Polo Norte” tiene sus grandes ventajas.

Hace ya poco más de un mes que nieva sin parar y eso, aunque trae sus consecuencias a la hora de que la ciudad funcione con total normalidad, también trae una magia a la ciudad que me hacen olvidarme de cualquier mal. Caminar por las calles del casco antiguo, que es la zona más bonita de Tallinn, y la zona donde vivo, es como estar en un cuento de hadas. Todo brilla de la blancura, aun cuando el sol prácticamente no salga durante varias semanas. Los niños se ven tan felices y acolchados revolcandose en la nieve. Llevan tal cantidad de ropa para protegerse de las bajas temperaturas, que si se caen, seguro no es mucho lo que sienten. Yo, como ellos, disfruto un montón de revolcarme en la nieve. Cada vez que veo una montañita que ha puesto en un rincón un limpianieves, me siento tentada a lanzarme como si fuese una nube de algodón. La verdad es que es divertido, pero engañoso también puede ser. Este invierno me di un buen golpe con un trozo de hielo que escondía la mágica blancura de la montañita.

Equiparse con todo lo necesario, puede tomar tiempo, especialmente si no se tiene un salario de piloto aéreo. Por eso, algunos regalos son muy bienvenidos. Uno de los mejores regalos que me han dado en estas navidades, me los dió un grupo de estudiantes: un par de guantes de invierno para jugar con la nieve 🙂

En dos de los inviernos anteriores había estado ocupada dividiéndome entre trabajo y estudios. He tenido la dicha de terminar mi maestría este otoño y por eso me he propuesto disfrutar de cada una de las actividades que hacen este largo invierno diferente. Las he agrupado bajo una lista titulada: “cómo sobrevivir y disfrutar el inverno” y son:

  • Aprender a hacer un muñeco de nieve.
  • Patinar sobre hielo
  • Hacer guerra de nieve
  • Aprender a esquiar y
  • Lanzarme en trineo.

Hace un año o más había intentado hacer un muñeco de nieve y la tarea me pareció árdua. No logré entender cómo a los niños les parecía divertido una tarea tan agotadora. Pasé un buen rato trayendo montoncitos de nieve en mi mano de un punto A a un punto B hasta que me cansé y lo que obtuve fue un muñeco que me llegaba a las rodillas. Luego descubrí que, como buena niña nacida y criada en el trópico, no tenía idea de que existían técnicas para hacerlos. No se debían traer los montoncitos de nieve de un punto A a un punto B, sino que se debía hacer una buena bolita de nieve, compacta y echarla a rodar por el suelo hasta que se formara una bola más grande. Más o menos como en las caricaturas. Ese fue uno de los errores. El otro fue pasarme todo el rato diciendo “hay nieve, hagamos un muñeco”. A lo que casi siempre me respondían “no se puede, con este tipo de nieve no se puede”. Una vez más, tropical inexperta y además terca que soy, decía “bah, que sí. Yo voy a hacerlo” y lo intentaba pero mis bolitas eran un fracaso. Aprendí entonces que la nieve se puede compactar cuando no hace tanto frío, y está cerca de los 0º pero aún por debajo. Así que esperaré para hacer mi muñequito.

Patinar sobre hielo, es lo máximo. Hacía más de dos años que no lo hacía y hace un par de semanas me lancé un poco asustada sobre una pista, después de pagar por 45 minutos de patinada. Comencé la aventura con inseguridad pero cuando comencé a sentirme cómoda en la pista, fui acelerando hasta que, a los 20 minutos, cataplún! Me di un batacazo de padre y señor nuestro. Me sacaron, me dieron hielo para ponerme en la rodilla y en la mano y luego pensé “todavía tengo 20 minutos disponibles y esto es algo que no hago todos los días. Después de todo, ya no me duele tanto. Ya me saldrá un morado. Así que: a la pista” y me lancé otra vez como bailarina (mal entrenada) a la pista a patinar otro buen rato. Tengo pendiente hacerlo unas cuantas veces más en los dos meses de congelación que me quedan.

La guerra de nieve, puede parecer fácil. Normalmente, conmigo, se convierte en un ataque de una sola dirección. Y es que casi todas mis amistades tienen mi edad, por lo que se consideran “adultos” y pues, una guerra de nieve es “cosa de niños”. Pero, ey! Señores! Yo vuelvo a ser niña aquí, entiéndanme. De todas maneras, no puedo negar que, más de una vez, con mi intensidad y lanzadera inparable de nieve, he logrado despertar el espíritu infantil y juguetón (o simplemente vengador) en mis contrincantes y he iniciado una buena guerra de nieve 🙂

Aprender a esquiar es algo que no es fácil en Estonia. La “montaña” más alta está al sur del país y lo que tiene son unos 300 mts de altura. El esquí más popular aquí es el de fondo…¿que con qué se come eso? Fácil. Es un esquí que haces en tierra plana y que requiere, aparentemente, más esfuerzo físico porque no hay ley de gravedad que te ayude. Pero este invierno igual lo intento. Ya les contaré cómo va eso.

Lo de lanzarme en trineo es cosa de febrero. Ya lo he hecho y pienso repetirlo. Casi siempre cae en ese mes, el Martes de Carnaval que sí se celebra, a pesar de que digan que Estonia es la nación más atea del mundo 🙂 La celebración es para divertirse. Cosas de carne y religión y todo eso, no sé si haya. Lo que si sé es que toda la gente, adultos y niños, se van a las colinas más cercanas a lanzarse en trineo y a comer västlakukkel, que son unos pastelitos gorditos rellenos de crema o nata y con mermelada de alguna de las muchas bayas que se encuentran aquí.

Y fuera de esas cosas que se pueden hacer para disfrutar, en esos días en los que tu cuerpecito no aguanta ni 1º C aunque tengas el mejor de los equipos, queda la última opción: sentarse en una buena cafetería, con chimenea o buena calefacción, a la luz de las velas o bajo una ténue bombilla eléctrica, a disfrutar de un delicioso chocolate caliente, un mochaccino o un chai latte. Si tiene una buena vista y tienes suerte, mientras tomas tu bebida, verás caer la nieve por la ventana para sentirte que estás dentro de una bolita de cristal, como esas que pones en la casa para decorar aún viviendo en una tierra que nunca ha visto caer esa magia blanca.

Con todo esto les digo que, aún bajo temperaturas de congelación y lejos de la familia, se puede hacer de estas fechas navideñas, un momento mágico. Y es que mi vida está llena de momentos felices porque yo así lo quiero ❤

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Celebrado el 24 de junio, es un día de gran importancia para Estonia. Este año, por primera vez, Luis y yo lo vamos a celebrar en una isla al oeste del país, a unas cuatro horas de Tallin en autobús. Aunque no conocía exactamente el origen de la celebración, sabía que era muy importante. Me he dado a la tarea de traducir un texto que aparece en la página del Ministerio de Relaciones Exteriores, para que tengan una idea de lo que se hace en ese día (encender fogatas, cantar, beber y comer) y lo compartan si lo desean. La traducción es un borrador, lo hice con ayuda de Google Translate para ahorrar tiempo, así que me disculpo por los errores que pueda tener. Sólo espero que capten la idea general. Aquí les va:

Además de la Navidad, Jaaniõhtu (San Juan Eva) y Jaanipäev (Día de San Juan) son los días más importantes en el calendario de Estonia. Los veranos cortos y las breves noches tienen un significado especial para el pueblo de Estonia. Jaanipäev sigue el día más largo del año (21 de junio) , o lo que es lo mismo: equinoccio de verano, cuando la noche parece no existir.


Historia del Día de San Juan



Jaanipäev se celebraba ya antes de la llegada del cristianismo a Estonia, aunque fueron los cruzados quienes le dieron el nombre actual. La llegada del cristianismo, sin embargo, no puso fin a las creencias paganas y rituales de fertilidad en torno a este día de fiesta.
En 1578, con cierto disgusto, Baltasar Russow escribió en su Crónica de Livonia sobre los estonios que daban más importancia a la fiesta que a ir a la iglesia. Se quejaba de los que iban a la iglesia, pero no entraban, y en su lugar malgastaban el tiempo en hogueras , bebiendo, bailando, cantando y siguiendo los rituales paganos.

Para los estonios, las celebraciones de Jaanipäev se fusionaron con la celebración de Võidupüha (Día de la Victoria) durante la Guerra de la Independencia, cuando las fuerzas de Estonia derrotaron a las tropas alemanas el 23 de junio de 1919. Después de esta batalla contra los opresores tradicionales de Estonia, Jaaniõhtu y el encendido de las tradicionales hogueras se vinculó con los ideales de la independencia y la libertad.


Significado

Jaanipäev marca un cambio en el año agrícola, específicamente la ruptura entre la finalización de la siembra de primavera y el duro trabajo de la siega y recolección de heno.

Es comprensible que algunos de los rituales de Jaanipäev tengan tan fuertes raíces folclóricas. El más conocido ritual de Jaanik es el encendido de la hoguera y saltar sobre la misma. Esto es visto como una forma de garantizar la prosperidad y evitar la mala suerte. Asimismo, no encender la fogata es lo mismo que provocar que tu casa sea incendiada. El fuego también causa miedo a los espíritus maléficos que con ella se evitan a toda costa, lo que garantiza una buena cosecha. Por lo tanto, cuanto mayor sea el fuego, más se alejaban los espíritus malignos.

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La víspera de verano es importante para los amantes. En los cuentos de hadas y la literatura estonia existe la historia de dos amantes, Koit (amanecer) y Hämarik (atardecer). Estos dos amantes se ven una vez al año e intercambian los más breves besos en la noche más corta del año. Los amantes de la Tierra van al bosque en busca de la flor del helecho que se dice que florece sólo en esa noche. También en esta noche, los solteros pueden seguir instrucciones detalladas para ver saber con quién van a casarse.

El ex presidente Lennart Meri, le ha dado otra perspectiva a Jaanipäev en su obra Hõbevalge (plateado 1976). Meri sugiere que las tradiciones de Jaanipäev recrean la caída del meteorito de Kaali en Saaremaa. También se dice que la caída del meteorito ha sido inspiración de historias mitológicas nórdicas y bálticas sobre el sol que cae sobre la tierra. Esta idea sugiere que las hogueras de nuestros días y las celebraciones en realidad simbolizan la conexión de Estonia con su pasado remoto.

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Durante la ocupación de Estonia, los soviéticos no hicieron ningún intento por detener las celebraciones de Jaanipäev. Para los estonios, sin embargo, Jaanipäev ha quedado ligada a la victoria de Estonia durante la Guerra de la Independencia y la obtención de un estado libre e independiente. Jaanipäev, por lo tanto, siempre le recordaba a los estonios de su independencia en el pasado, a pesar de los intentos soviéticos de eliminar esas ideas.

La tradición antes de la ocupación soviética, que ha sido restaurada, era que el Presidente de Estonia encendiera una fogata en la mañana del Võidupüha (23 de junio). De esta fogata, la llama de la independencia sería llevada por todo el país para encender las numerosas fogatas.

Durante la transición hacia el restablecimiento de la independencia de Estonia de facto, Jaanipäev se convirtió en una fiesta no oficial, en el que muchos trabajos se detenían. En 1992 se convirtió nuevamente en feriado nacional.

En Jaaniõhtu, los estonios en todo el país se reunen con sus familias, o en grandes eventos para celebrar este importante día con el canto y el baile, que los estonios han hecho durante siglos.


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