Una guarita en proceso de estonización

El invierno que sueño

Posted on: 07/12/2011

Cuando el invierno viene todos sienten miedo. No miedo por lo que viene, sino por no saber qué venga. Hay inviernos que vienen paso a paso y, cuando terminan de llegar, no te das cuenta. Cuando llegan, todo se detiene, todo se emblanquece. Por un momento la vida se congela. Y en un segundo todo vuelve a explotar. Niños con trineos y guantes de colores. Y los padres y abuelos arrastrando los pies sobre el hielo. Unos pocos que parece que vuelan, porque no hay invierno ni verano que los detenga.

Hay otros inviernos de temperaturas indecisas, que ondean para congelar, derretir y volver a congelar la vida. Estos son los inviernos que desestabilizan, que juegan con tus sentimientos, que arruinan el sueño de una mañana despertar y ver la nieve caer por tu ventana como si vivieras en una bola de cristal, para luego salir a la calle y sentir que caminas por las nubes.

Los inviernos de mis sueños, esos inviernos existen, pero como los sueños, son pocos o tardan en llegar. En esos inviernos, cuando la nieve se acerca, el cielo se carga de una nube inmensa. Yo intento explicarlo, pero nadie me entiende. No es un cielo nublado como cuando llueve. No. Antes de nevar, parece que un demonio rojizo y grisáceo cubriera el firmamento y se preparara para atacar. A cada lado tiene la misma densidad. No importa donde mires, ni un rayito de sol se deja colar, pero tampoco es oscuro como en la tormenta. Es pesado, pero no oscuro. Hasta que en esa mañana mágica (porque sólo es mágico si sucede una mañana) parece que el firmamento ha sido exorcizado y en el proceso el cielo de ha desmoronado y ha empezado a caerse a trocitos, trocitos blancos. Cuando es un exorcismo largo y dificultoso, la tierra se convierte en el cielo, y hay una nube blanca e inmensa cubriendo las calles. Es allí cuando salen los trineos y los guantes de colores y los cachetes rojos de los niños a jugar con ella. Ese es el invierno de mis sueños. Al día siguiente, después de esa mañana en que caen los trocitos de cielo, el sol brilla, tanto como en verano, pero diferente. Y esa sensación de salir a la calle, con frío y de blanco, pero con un sol que irradia tanta energía, te hace revivir. Ese es el invierno. Y lo he soñado. Mejor aún: lo he vivido. Este año no llega todavía. Este año es ese invierno vacilante, que juega contigo. Pero yo sigo esperando al otro, lo sigo soñando. Lo espero.

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