Una guarita en proceso de estonización

¿Que cómo paso 4 días en casa enferma?

Posted on: 14/10/2011

Mi kit de cuarentena

Mi kit de cuarentena

Al borde de la locura, pero también en otras tantas cosas que lo hacen sentir eterno, pero no tan inútil. Se supone que debería estar acostumbrada, ya que me enfermo en casi cada cambio de estación desde que vivo en el hemisferio norte de la tierra. Pero no, siempre me ha enloquecido pasar mínimo dos días en casa, ya se imaginarán mi estado de demencia después del doble de tiempo.

A lo que iba: mis horas se pasan, principalmente haciendo lo que Tutiri Mundachi recomienda para estar bien. He bebido té en todas sus presentaciones, de camomila, té verde, de limón y con cualquier cantidad de agregados: limón, jengibre, canela, leche de soya, miel, clavos de olor y hasta con pimienta negra. Para no aburrir el té (ya lo hice) lo he combinado con agua, bebidas energéticas “naturales”, jugos naturales, café. Como es de esperarse, otra gran parte de mi tiempo la he pasado en el baño. Calculo que unas cuatro horas por día. Y, por supuesto, he dormido como una morsa. A tal punto que ya no hay forma de recuperar la forma decente del sofá y del colchón: ambos tienen mi figura y mi olor impregnados de por vida.

Con todas estas horas gastadas en dormir, preparar té, beberlo y expulsarlo, he tenido aún tiempo para hacer otras cosas. Cuando el malestar no me lo ha permitido, he consumido químicos (entiéndase: ibuprofeno, paracetamol y otros) que, una vez han hecho efecto, las otras cosas que he hecho han sido, principalmente, leer. Se puede pluralizar porque, se puede leer sobre tantas cosas, que es como hacer muchas a la vez. He leído (como aún estoy en cuarentena, me permito contárselos en detalle): literatura, particularmente, terminé “Travesuras de la niña mala” de Vargas Llosa que me resultó traumática, por un lado, pero agradable por otro, porque pude aprender un poquitín de historia de varios lados, sin mencionar que me deleité con lo maravilloso que es el español cuando se sabe usar. Hermoso. Nuestro idioma es hermoso. De Vargas Llosa salté a un poco de historia y política de verdad: me he consumido el 50% de las páginas de “Por qué no soy bolivariano” de Manuel Caballero. Las conclusiones a las que he llegado hasta el momento no se definen con el adjetivo “hermoso”, precisamente, pero es una lectura que indudablemente estoy disfrutando. Entre estas páginas y las otras, he hecho pausas para darle descanso a mis neuronas a las que no les gusta lo monotemático, y he leído algunas cositas para refrescar mis conocimientos profesionales: la historia de la llegada y evolución del español a América, y un poco de las particularidades gramaticales y lexicales de este español atlántico. Esto lo hice con las páginas de “La lengua española en América: normas y usos actuales”, el cual recibí en formato en PDF en uno de los muchos boletines a los que estoy suscrita. Boletines sobre ELE, en su mayoría. Esa es, por cierto, otra de las maneras en las que he gastado el tiempo: limpiando mi buzón de correo electrónico que estaba abarrotado de boletines sin leer que había recibido en las últimas 8 semanas, aproximadamente. He releído algunas de las páginas de “Profesor en acción” (libros 1 y 3), para no olvidar lo que no se debe. He releído algunas páginas de mis materiales de la maestría en ELE que terminé hace un año.

Mi contacto con el mundo exterior ha sido exclusivamente a través de las redes sociales -¡gracias por existir!-. Aquí me he enterado de la situación política y económica mundial: la de siempre, en uno u otro de los estadios de los que se compone su ciclo. Me he enterado de que el mundo se quiere revelar, mañana 15 de octubre y espero los resultados con un poco de esperanza y otro poco de escepticismo, a la vez. He compartido las victorias del fútbol venezolano y estonio, primeras en la historia de ambos países. Y he sido felicitada por el 12 de octubre, fecha a la que aún no me decido cómo es más adecuado llamar ni si me debo sentir alegre o no de que me feliciten por ella. También he leído sobre las diferencias entre los hombres y las mujeres: en el mundo escolar y a nivel biológico. Esto me ha hecho agregar “The female brain” de Louann Brizendine a mi lista de libros deseados. También he visto (nuevamente) el discurso de Jobs en Standford, además de otros videos y películas interesantes recomendadas por amigos, como Okuribito (Departures), una interesante historia sobre un embalsamador, un tanto cómica y otro triste, y muy artística y de interés para quienes tengan curiosidad por otras culturas ajenas a la propia (japonesa en este caso). También volví a ver “Como agua para chocolate”, por segunda vez.

Al cuarto día (hoy) sucumbí a la televisión y vi un par de capítulos de Desperate Housewives y de Gray’s Anatomy, programas de ecologistas y narcotraficantes en NatGeo y, como me aburrí rápido, decidí escribir esto.

Con todo esto concluyo que:

  • Aunque tiendo a quejarme de que los días sean cortos, en este periodo de cuarentena las horas me han parecido interminables.
  • Ocupo el tiempo en tantas cosas diferentes que puede que esté haciendo algo mal con mi vida.
  • Estar enfermo puede obligarte a quedarte en casa para sanar el cuerpo y limpiar tu buzón de correo.

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