Una guarita en proceso de estonización

El estonio, el autoaprendizaje y yo

Posted on: 19/03/2011

mapa de EstoniaMás de una vez he dicho que no soy el tipo de persona que aprende un idioma en la calle.
Aceptemos que hay quienes los hay. Algunos son genios. Pero muchos de los que dicen que lo hacen, realmente no están simplemente recogiendo el idioma y amontonándolo para luego utilzarlo, como si fuesen una máquina, sino que están aprovechando todas las herramientas que tienen a la mano y están usándolas de manera constante y organizada y eso, claramente, les da un resultado positivo.
Al decir que yo no tengo esa capacidad me he estado causando un daño sicológico; además, he estado ocultando detrás de una excusa mi falta de disciplina y organización. Algo contra lo que siempre he luchado y lo cual me ha dado resultados cuando me lo he propuesto. Pero que realmente no me lo había propuesto con el estonio. Me faltaba creer en mí un poquito más, y especialmente, exigir de mí misma mucho más.
Es por eso que he decidido regañarme un poco y darme palmaditas a la espalda, también, repitiéndome “claro que puedes, necesitas constancia, disciplina, organización y, sobre todo, ganas”. Ya he dicho que tengo las ganas y de allí, está a un solo paso todo lo demás. Está requiriendo esfuerzo, pero bueno, ¡normal! ¿Cómo se puede lograr algo sin esforzarse por ello? En vista de lo complicado que se hace, con mi horario de trabajo, encontrar una clase a mi medida y, por otro lado, teniendo la meta de tener un nivel aceptable de estonio a finales de este año (aceptable = aprender lo mismo que mis estudiantes en un semestre de español) decidí que tenía que esforzarme de veras.
Está resultando que sí puedo “recoger” el idioma en la calle. Lo de recoger es cuestión de mantener todos los sentidos abiertos y tratar de prestar atención a todo el estonio que hay a mi alrededor (que es mucho), para luego analizarlo, anotarlo, repetirlo, preguntar algo sobre ello e intentar usarlo cuando se presenta la oportunidad. Así, he estado deduciendo reglas y logrando objetivos comunicativos. Claro que cometo muchos errores y el proceso de aprendizaje es mucho más lento. Pero está  dándome resultados y eso está motivándome mucho más a mantenerme constante y disciplinada.
Mi cuaderno de clase, que no tocaba desde diciembre, se sacudió el polvo y se abrió para permitirme tomar nota de las cosas que voy aprendiendo. Durante la semana, en mis clases, en la calle y en encuentros con amigos o colegas, abro los ojos y agudizo el oído para fijarme en todo lo que sucede en estonio a mi alrededor. Algunas veces intento escuchar conversaciones que no me conciernen, pero con el único objetivo de aprender a distinguir palabras dentro de frases (que no por chismosa ni maleducada). Leo y releo todos los letreros y nombres de calles que se me atraviesan en el camino. Hago preguntas innecesarias o estúpidas a los vendedores o mesoneros para verme obligada a usar la lengua más de lo que a veces me toca. Entablo conversaciones por correo electrónico con vendedores o instituciones y les hago consultas, para tener más motivos para hablar. Así, después de recibir la misma información unas cuantas veces, tomo notas en mi cuadernito, y hago preguntas a mi colega, a mis amigos o lanzo una pregunta al aire a través de Facebook o Twitter donde siempre hay alguien dispuesto a ayudarme. Finalmente, me lanzo al agua y uso lo que he aprendido en cuanto se me presenta la oportunidad o(y si no, yo creo el momento). Entonces, aprendo algo. Ya ven, que todo el proceso requiere de mucho más esfuerzo, pero sí que puede tener sus resultados.
Otra cosa que he notado, es que al igual que con los alimentos, a algunos nos toma más tiempo digerir algunas cosas de lo que a otros. Con las nuevas formas, palabras, reglas, sonidos y demás, yo requiero de exposición a un mismo elemento repetidas veces, que además deben darse de manera natural y estar unas lo suficientemente aisladas de las otras para no verme abrumada ni aburrirme ni confundirme. Se refleja en el proceso que resumí arriba. No basta con que busque una palabra en el diccionario, la repita y la repita y luego, cuando llegue el momento de usarla, las neuronas se queden mirando lejos sin pasarme la información. No funciona. Por eso estoy tan de acuerdo con lo que llaman aprendizaje comunicativo. Yo necesito tener una necesidad real para comunicarme y tenerla más de una vez y en diferentes ocasiones, para poder decir, más adelante, que he aprendido algo. Por eso creo que es importante exponer a mis estudiantes a este tipo de experiencias. Pero también reconozco que ciertas repeticiones automáticas le funcionan a algunos. Así que a veces la pongo en práctica (y les digo a mis estudiantes que si se sienten cómodos con eso, pues, que lo hagan).
Total que, como con todo, no se trata de que no seamos capaces, sino de que sepamos conocer las estrategias y herramientas que mejor nos funcionan y aplicarlas. A algunos nos tomará más tiempo que a otros, pero, eventualmente, todos llegaremos a la meta si nos lo proponemos.

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